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martes, 21 de diciembre de 2010

La Duda - Relato que invita a la reflexión

Hu-Song, filósofo oriental, hablaba con dos de sus discípulos.

 Le dijo uno: 

 - Maestro: tengo muchas dudas. 

 - Aprenderás bastante - le respondió Hu-Ssong.  

Otro le dijo:

 - Maestro: no tengo ninguna duda. 

 - Jamás aprenderás nada - le indicó el maestro. Y explicó:  

- El que duda busca; el que no duda piensa que lo ha encontrado todo ya, y entonces deja de pensar. La incertidumbre del que duda enseña más que la certeza del que cree saberlo todo. La duda nos hace humildes; de la absoluta certidumbre nace la soberbia.

 - Tienes razón - dijeron los alumnos.  

Y  Hu-Ssong contestó: 

- Lo dudo.


sábado, 25 de octubre de 2008

Un sabio relato budista

Un sabio budista siempre decía que los occidentales nunca viven.
"Es que corren constantemente - explicó a un grupo de estudiantes -, aún cuando parecen estar descansando. La cabeza siempre corre, está adelante, en el momento siguiente, en lo que sucederá luego. De manera que nunca viven lo que viven. Cuando están en la playa y dicen que se dejan acariciar por el sol, en realidad la cabeza está en la oficina, en el trabajo, en una competencia con otro."
"¿Y usted como vive?" preguntaron los estudiantes. El sabio, tranquilo, les dijo:
"Yo cuando como, como, y me concentro porque eso soy y en eso estoy y eso es ser yo. Cuando bailo, voy al baile, y nada más que ese baile. Y cuando juego, juego, y lo hago con plenitud y no como medida para pasar el tiempo y no aburrirme. El que vive lo que hace no se aburre nunca, porque alcanza la plenitud en todos los momentos del suceder existencial."

martes, 24 de junio de 2008

Relato Zen

Sin Apegos ni Estupidez

Cuando el maestro Zen, Tung Shan, sintió que había llegado el momento de irse, hizo que le rapasen la cabeza, tomó un baño, se vistió con su túnica, hizo sonar la campana para despedirse de la comunidad y se sentó hasta que dejó de respirar. Todo indicaba que había muerto. Así que toda la apenada comunidad estalló en llantos, como si fueran niños pequeños que han perdido a su madre. De repente, el maestro abrió los ojos y dijo a los llorosos monjes: "se supone que nosotros, los monjes, no nos apegamos a las cosas transitorias. En esto consiste la auténtica vida espiritual.
Vivir es trabajar, morir es descansar. ¿Qué utilidad tiene quejarse y gemir?. Entonces, ordenó que se sirviera una comida "para purificar la estupidez" de la comunidad.
Finalizada la comida, les dijo: "¡Por favor, no hagáis tanto alboroto por mí! ¡Permaneced serenos como corresponde a la familia de monjes! Por lo general, cuando alguien está a punto de partir, el ruido y la conmoción no le sirven de nada".
De modo que volvió a su habitación y se sentó a meditar hasta el momento del desenlace.

La armonía del Yoga