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martes, 21 de diciembre de 2010

La Duda - Relato que invita a la reflexión

Hu-Song, filósofo oriental, hablaba con dos de sus discípulos.

 Le dijo uno: 

 - Maestro: tengo muchas dudas. 

 - Aprenderás bastante - le respondió Hu-Ssong.  

Otro le dijo:

 - Maestro: no tengo ninguna duda. 

 - Jamás aprenderás nada - le indicó el maestro. Y explicó:  

- El que duda busca; el que no duda piensa que lo ha encontrado todo ya, y entonces deja de pensar. La incertidumbre del que duda enseña más que la certeza del que cree saberlo todo. La duda nos hace humildes; de la absoluta certidumbre nace la soberbia.

 - Tienes razón - dijeron los alumnos.  

Y  Hu-Ssong contestó: 

- Lo dudo.


lunes, 21 de julio de 2008

Sabiduría Sufi

El maestro sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

- Maestro -lo encaró uno de ellos una tarde- , tu nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...
- Pido perdón por eso -se disculpó el maestro- . Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.
- Gracias, Maestro -respondió halagado el discípulo.
- Quisiera, para hagasajarte, pelarte el durazno yo mismo, ¿Me permítes?
- Si, muchas gracias -dijo el alumno.
- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?
- Me encantaría... pero no quisiera abusar de su hospitalidad, maestro...
- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte... Permíteme tambien que lo mastique antes de dártelo.
- No, maestro, ¡No me gustaría que hiciera eso! -se quejó sorprendido el discípulo.

El Maestro hizo una pausa y dijo:

"Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles de comer una fruta masticada".

martes, 24 de junio de 2008

Relato Zen

Sin Apegos ni Estupidez

Cuando el maestro Zen, Tung Shan, sintió que había llegado el momento de irse, hizo que le rapasen la cabeza, tomó un baño, se vistió con su túnica, hizo sonar la campana para despedirse de la comunidad y se sentó hasta que dejó de respirar. Todo indicaba que había muerto. Así que toda la apenada comunidad estalló en llantos, como si fueran niños pequeños que han perdido a su madre. De repente, el maestro abrió los ojos y dijo a los llorosos monjes: "se supone que nosotros, los monjes, no nos apegamos a las cosas transitorias. En esto consiste la auténtica vida espiritual.
Vivir es trabajar, morir es descansar. ¿Qué utilidad tiene quejarse y gemir?. Entonces, ordenó que se sirviera una comida "para purificar la estupidez" de la comunidad.
Finalizada la comida, les dijo: "¡Por favor, no hagáis tanto alboroto por mí! ¡Permaneced serenos como corresponde a la familia de monjes! Por lo general, cuando alguien está a punto de partir, el ruido y la conmoción no le sirven de nada".
De modo que volvió a su habitación y se sentó a meditar hasta el momento del desenlace.

martes, 27 de mayo de 2008

Un cuento para reflexionar...

Errores Ajenos

Hace mucho tiempo, había una posada llamada "La estrella de plata". El posadero, a pesar de que hacia cuanto podía por atraer a la clientela esforzándose en hacer confortable la posada, atender cordialmente a los clientes y cobrar precios razonables, no encontraba manera de que le alcanzara el dinero. Desesperado, acudió a consultar a un sabio.
El sabio, tras escuchar sus lamentos, le dijo:
- Es muy sencillo. Lo único que tienes que hacer es cambiar el nombre de la Posada.
- ¡Imposible! - dijo el posadero -, ¡Se ha llamado "La estrella de plata" durante generaciones, y así se la conoce en todo el país!
- No - replico el sabio energicamente -. A partir de ahora debes llamarla "Las cinco campanas" y colgar seis campanas sobre la entrada.
- ¿Seis campanas? ¡Eso es absurdo! ¿Para que va a servir?
- Inténtalo, y lo verás - le respondió el sabio sonriendo.

De modo que el posadero hizo lo que se le había dicho. Y sucedió lo siguiente: Todo viajero que pasaba por delante de la posada entraba en ella para advertir al posadero acerca del error, creyendo que nadie, hasta entonces, había reparado en ello. Una vez adentro, quedaba tan impresionado por la cordialidad del servicio, que se alojaba en la posada, con lo que el posadero llego a amasar la fortuna que durante tanto tiempo había buscado en vano.


Hay pocas cosas que satisfagan mas nuestro ego que el corregir los errores de los demás.

Anthony de Mello

La armonía del Yoga